sábado, 10 de diciembre de 2011

Esas tardes de Junio, en las que el frío recorría mi cuerpo, mientras veía como el astro rey se perdía en las grandes torres de concreto al atardecer de la gran ciudad. Mi alma se me salía del cuerpo durante esos momentos que parecían tan lentos pero a la vez se perdían como arena en una criba. Hoy pago mis errores del ayer, el fantasma de mi pasado me acecha e intenta atravesar mi cuerpo con los puñales del recuerdo, queriendo forzar mi error de nuevo, pero creo que soy más fuerte, y tengo lo que se necesita para no morder el anzuelo. Sin embargo estoy equivocado. La misma piedra aparece en mi camino una y otra vez, y mi ser encuentra su paso dificultado gracias ella de manera repetitiva. Y sí, el ser humano es el único que comete dos veces el mismo error, pero también el ser humano es el único ente con una sed de gloria insaciable, a tal punto que tiene la capacidad de dominarse a sí mismo, como si fuera un cazador, y a la vez él mismo fuera la fiera, y así de esta manera lograr hazañas que dejarían inverbe al más frío de los hombres. Entonces, ¿por qué me hundo como en arenas movedizas, tratando de huir a mi inevitable destino, sabiendo que cada uno de mis manotazos ahogados me condenan más y más?¿Por qué me encierro en mi propia mente y no entiendo que soy capaz de conseguir lo que me proponga?
Aunque los astros conspiren en mi contra, voy a desvanecer al espíritu que me condena a mirar atrás, y así voy a seguir adelante, porque todo depende de uno, y uno es capaz de todo.